El emblemático Cerro de los Molinos de Viento de Alcázar de San Juan ha sido escenario de una experiencia turística y astronómica singular: el ‘Eclipse Sunset Wine’. La iniciativa, promovida por la Concejalía de Turismo y el Patronato Municipal de Cultura, adaptó el exitoso formato habitual de maridaje al atardecer para ofrecer a vecinos y visitantes una propuesta diferenciadora con motivo del eclipse vivido este 12 de agosto. La concejala Bárbara Sánchez-Mateos asistió a la actividad en representación del Ayuntamiento para compartir junto a la ciudadanía un hito astronómico histórico en uno de los parajes más privilegiados de La Mancha.
La convocatoria, que completó sus 50 plazas disponibles en menos de una hora tras su apertura, ha sido valorada de forma muy positiva por Bárbara Sánchez-Mateos, que expresaba la satisfacción municipal ante la respuesta del público y la importancia de dinamizar los recursos locales ante eventos históricos únicos como el eclipse total. Asimismo, Sánchez-Mateos ha reafirmado el compromiso institucional de acercar el patrimonio a la ciudadanía con enfoques novedosos: «Para nosotros es muy importante seguir haciendo iniciativas para dinamizar el turismo. Los molinos son nuestro recurso turístico más importante, así que no solamente queremos hacer visitas y también moliendas tradicionales, sino que también la gente lo pueda disfrutar de otra manera y este eclipse se presta también a ello».
Por su parte, el gerente de Don Quixote Tours y conductor de la actividad, Jesús Vicente Arinero, detalló la propuesta técnica y sensorial diseñada para la ocasión, definida como «un maridaje de todos los sentidos, de sensaciones con nuestro producto más auténtico que es el vino de La Mancha». La cita dio comienzo en el interior del molino de viento, guiado como centro de interpretación con explicaciones sobre las fases del fenómeno e ilustraciones de la reseña histórica del eclipse presenciado en Alcázar a principios del siglo XX. Posteriormente, durante la progresión del oscurecimiento parcial profundo, que alcanzó más del 99 % de cobertura a las 20:30 horas, los asistentes combinaron la observación segura con gafas homologadas e ISO garantizada y la degustación de vinos blancos y rosados de bodegas locales.
Durante la cata, Arinero dirigió un juego olfativo y cromático adaptado al cambio paulatino de luz ambiental a medida que la luna ganaba terreno al disco solar: «Esta no es una cata al uso. Ahora que tenemos sobre todo la luz solar todavía, podemos disfrutar de los vinos blancos de estos colores rubios, pálidos, pajizos, pero luego ya cuando oscurezca, haremos un juego con los rosados y veremos conforme se va apagando el sol qué color tiene el vino. Porque realmente una de las cuestiones que tiene el vino y esta actividad es que el vino está relacionado con el sol y lo que estamos bebiendo es un trocito de sol en nuestra copa», concluyó Arinero.

















